Braga es uno de los buques insignia del turismo en Portugal, sede de un patrimonio histórico, cultural y natural que no deja indiferente a ningún viajero. Por atractiva que sea su visita en temporada alta, no está exenta de inconvenientes como la masificación de servicios y hoteles, las restricciones a la movilidad o los sobreprecios. Sin embargo, ahorrar al descubrir la Roma portuguesa es factible. Una medida eficaz consiste en reservar parkings Braga con días o semanas de antelación, con el fin de economizar en la compra de tiques y evitar el tráfico de agitación.
En Braga, los conductores utilizan habitualmente apps como EasyPark, Parclick y Parkimeter, pensadas para facilitar la búsqueda, reserva y pago del estacionamiento en parkings públicos y privados. Renunciar a ellas para aparcar «donde se pueda» equivale a perder un tiempo valioso buscando una plaza libre.
Al desplazarse en coche propio o de alquiler, se recomienda evitar las áreas con mayor densidad de tráfico (Avenida Central, Praça da República, Zona de Ferreiros, etcétera) y las horas punta. Planificar la ruta también es una decisión acertada, en la medida en que reduce las horas al volante y optimiza el consumo de combustible.
Dadas las crecientes restricciones al tráfico en el centro de Braga, se recomienda explorar a pie los monumentos sitos en su núcleo histórico, como el Arco da Porta Nova, la Catedra o el Jardín de Santa Bárbara. Una forma de maximizar el ahorro es ocupar uno de los parkings de la periferia y utilizar el transporte público para acceder a las zonas céntricas.
Por otra parte, obtener la tarjeta Prague Card supone un ahorro considerable en la entrada a museos, edificios históricos y otras atracciones turísticas, algunas de las cuales son gratuitas (la Casa do Raio, por ejemplo). A la hora de degustar la gastronomía local, se aconseja huir de los menús para turistas.